Los molinos

Los molinos

El río se convierte en la espina dorsal de cualquier valle, y no iba a ser menos en la comarca de Benavente y los Valles. Cada año con la llegada del otoño y las precipitaciones, “llega el río”, el cual, de forma incansable, va rellenando todos y cada uno de los huecos del terreno como si se tratara de un aljibe subterráneo. Numerosos pozos perforan la vega para extraer de los acuíferos el agua, un agua de buena calidad que ha sido filtrada por el terreno y que por tanto es apta para ser consumida.

No sólo uso doméstico y agrícola tenían las aguas de los ríos, sino que también se aprovechaban para transformar la energía del agua en energía mecánica. Esta energía era capaz de moler el duro cereal y conseguir el fino polvo blanco base de tortas, hogazas, roscas, etc., la harina. Labor tan sencilla e inteligente se conseguía en los molinos, elementos arquitectónicos que se colocaban en las orillas de los ríos o en las proximidades de los mismos mediante canal. En ambos casos (con o sin canal) se construía en el río un pequeño azud transversal al flujo que permitía derivar parte del caudal al molino. Tras su aprovechamiento, el agua era devuelta al cauce natural aguas abajo de la captación.

Sin molinos no podía haber una cultura del cereal y sin esa cultura no podía haber molinos. Atrás queda la época dorada de los molinos en la comarca, y los que han llegado hasta nuestros días o bien están en ruinas o bien en proceso de estarlo. En la actualidad sólo sigue funcionando el molino de Manganeses de la Polvorosa, pero ya no utiliza la energía potencial del agua sino la energía eléctrica.

 

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